Desde el inicio de la guerra
entre Irán con EE.UU. e Israel, se ha podido percibir los efectos que están
ocurriendo en la economía internacional, especialmente por la dificultad del
tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz donde transita el 20% de la cantidad
de combustible fósil e hidrocarburos que se transa a nivel mundial. El mundo se
enfrenta a una restricción de oferta que afecta a todos los sectores
productivos que tienen como insumo este tipo de combustible, cuyos costos han
aumentado. Para Chile una economía pequeña y abierta enfrenta los siguientes
escenarios:
En el corto plazo, Chile enfrenta
una presión inflacionaria con el Brent superando los US$ 100 por barril,
tensionándose el sistema de Mecanismo de Estabilización de Precios de los
Combustibles (MEPCO). Se han registrado
alzas inmediatas de hasta $ 20 por litro. Se ha intensificado la volatilidad
cambiaria hacia el alza por sobre los $ 900/US$, afectando el valor de las
importaciones chilenas. Y mayor incertidumbre en la tasa monetaria, el Banco
central podría desfasar la reducción de la tasa debido a la inflación
importada.
Si la guerra tendiera a
perpetuarse en el largo plazo, debería verse afectado el precio del cobre
porque el aumento del costo de energía afectaría al crecimiento de los principales
demandantes, especialmente a China y Europa, afectando los ingresos fiscales de
Chile. Esto implicaría para Chile acelerar el reemplazo de proveedores de
energía más estables cuyas fuentes sean hidrógeno verde y energías renovables
para reducir la vulnerabilidad geopolítica.
Para la región de Tarapacá
algunos proyectos mineros podrían desfasarse por el aumento de la incertidumbre
global e incremento del costo de su financiamiento, debido al encarecimiento
del financiamiento internacional. Y, además, un conflicto prolongado afectaría
el valor de las monedas de Chile y países vecinos, reduciendo la capacidad
adquisitiva de los compradores de zona franca, afectando el volumen de
operaciones de zona franca.
Lamentablemente, la región de
Tarapacá ha estado deprimida en su actividad económica en los últimos meses y
con una tasa de desempleo alta, el conflicto retrasa la posibilidad de lograr
mejores tasas de crecimiento y disminuir el desempleo. La estanflación se
presenta como una verdadera amenaza lo que debería ser considerado por las autoridades pertinentes, tanto nacionales como
regionales.