Profesional posgraduado en administración

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Nos interesa aspectos económicos y comerciales de la Región de Tarapacá de Chile, Cono Central de Sudamérica. Emprendimientos, reestructuraciones estratégicas, operacionales y financieras, negocios internacionales.

2 de octubre de 2026

Norte de Chile: ¿zona de sacrificio fiscal?

 

En Antofagasta crece un movimiento intelectual que cuestiona los beneficios reales que la gran minería deja en la región. Se señala que el valor agregado que queda en el territorio es reducido, y que el royalty minero que administra el Ministerio de Desarrollo Social termina financiando comunas sin vínculo alguno con la actividad extractiva: remuneraciones municipales, alumbrado público, proyectos de conservación e infraestructura urbana, en lugar de fortalecer las capacidades productivas del territorio de origen.



A esto se suma un problema estructural: la inversión pública en el norte es menor a la de otras regiones, y buena parte de los trabajadores mineros no reside en las comunas donde se produce, sino en el centro-sur. Su ingreso no se consume localmente, debilitando el encadenamiento productivo que podría generarse si la fuerza laboral radicara en la zona. Las empresas mineras reinvierten principalmente para sostener su producción, y aunque contratan proveedores locales, su responsabilidad social suele traducirse en asistencialismo, más que en innovación o reconversión productiva para economías desérticas que, tarde o temprano, deberán aprender a vivir sin minería.

El trasfondo de todo esto es un centralismo persistente: Chile sigue concentrado en la gestión de sus recursos, y el proceso de autonomía regional avanza lento frente a las exigencias del comercio internacional, la logística, el cambio climático, la inmigración y las demandas de salud, educación y vivienda que erosionan el bienestar en las comunas mineras.

En este escenario, la Ley N°21.591 sobre Royalty a la Minería marca un punto de inflexión real, aunque todavía insuficiente. Al crear el Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo y el Fondo de Comunas Mineras, introduce por primera vez un criterio de origen en la distribución de la renta minera, junto al ya existente Fondo de Equidad Territorial, que reparte recursos según vulnerabilidad y no según cercanía a la faena. La coexistencia de ambas lógicas —compensar al territorio que produce y redistribuir hacia el que más lo necesita— es, en el fondo, la verdadera discusión pendiente. La pregunta que el norte debería instalar no es si el royalty existe, sino si su actual proporción entre origen y equidad basta para transformar una economía extractiva en una economía capaz de sostenerse cuando el mineral se agote.

 Dr. Héctor Varas M.