Hasta febrero las expectativas de inflación para el país se veían bastante favorables, pero el escenario cambió abruptamente durante el mes de marzo y en abril que recién se inicia. Tras haber logrado el hito de llevar la inflación anual por debajo del 3% a inicios de año, el reciente ajuste masivo en el precio de los combustibles ha reconfigurado las expectativas inflacionarias.
El ajuste aplicado a fines de marzo de 2026 —tal
vez uno de los más alto en décadas tras el traspaso al MEPCO para un escenario
de cuatro semanas— ha generado un impacto, para el 16 de abril, se espera una
nueva evaluación del Ministerio de Hacienda si se mantiene la estabilidad o se justará
adicionalmente.
El IPC de marzo ya registró un alza del 1%,
impulsado principalmente por los combustibles. Se espera que en abril se repita
o supere esta cifra, llevando la inflación acumulada rápidamente por encima de
lo proyectado a comienzos de este año.
Las mayores consecuencias se tienen en los
servicios y productos que están indexados en
unidades de fomento, el alza proyectada en la UF se estima cercanos a
los $ 400, esto encarece inmediatamente
dividendos, arriendos, planes de salud y seguros, reduciendo el ingreso
disponible de los hogares.
Por otra parte, aumentan los Costos Logísticos y de
Transporte: Al ser el diésel uno de los combustibles con mayor alza, el impacto
de efectos secundarios se verá en la cadena de suministros y el precio de los
alimentos, el transporte de carga es un insumo transversal en la economía
chilena, afectando a las regiones como Tarapacá, al estar distantes de varios
centros de suministros que están en otras regiones como puntos de origen de sus
despachos.
La duda razonable que existe en la actualidad es si
bien el Banco Central proyectaba una convergencia tranquila al 3% para este
año, el panorama ha cambiado a una fase de resiliencia inflacionaria, y esto
conlleva a un ajuste de las expectativas: las estimaciones de inflación de cierre de año van desde un optimista 3% hacia
rangos de 3,5% a 4,5%. El punto de inflexión a la baja que vimos en febrero
(2,4% anual) ha quedado atrás.
El alza externa de los combustibles, sumada a la
incertidumbre global derivado de la guerra, añade un componente de volatilidad
que dificultará que la inflación subyacente (la que no considera energía ni
alimentos no producibles) baje con la rapidez esperada, lo que implica que el
ritmo de disminución de la Tasa de Política Monetaria (TPM) va a ser más
cauteloso por parte del Banco Central.
Dr. Héctor Varas M.
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